…ser como el viento, me dijo.
Bienvenidos al asilo La otra mejilla. Así se anuncia la obra desde la entrada a la sala. Se le advierte al público que está prohibido entrar con alimentos, bebidas y con esa ociosa y ridícula concepción del tiempo. El tiempo muere toda vez que se dan las llamadas y toda vez que el actor y la actriz se maquillan. Telón cerrado. Los relojes se detienen y las horas duermen en silencio. Así los minutos… los segundos desaparecen.
Varias leyendas se cuentan sobre este asilo y sobre su famoso Club de las pasitas. Nada quizá sea cierto. Rumores acaso, rumores de mal gusto. No es verdad que en este refugio descansen el mismísimo San Nicolás ni la tan famosísima Catrina. Tampoco puede comprobarse que sea en ese mismo sitio donde las almas parten hacia el más allá tan sólo cruzando una puerta: el umbral. Ni que esa puerta se abra y cierre como un suspiro cada noche al tiempo que susurra un nombre, distinto cada vez, y que todo esto suceda exactamente a la mitad de la luna: las doce. Falso es que una bruja malvada dirija este refugio, y más falso aun que su tan temida maldad sea razón para desear morir antes de enfrentarle. Absurdo creer que en aquél sitio don Melquiades se haya vuelto completamente loco de atar y que don Federico le entregue su alma al diablo para escapar del amor que le persigue. Sería de necios tratar de desmentir que aquellos viejecillos tan olvidados por el exterior hayan encontrado por fin la fórmula de la eterna juventud y que tan celosamente la guarden para ellos negando al mundo sus virtudes y sus milagros. Todo es mentira.
Todo es falsedad, calumnias todas, rumores acaso, rumores de mal gusto.
1 comentario:
Todo es mentira entonces, gran paradigma de la vida ¡¡que emocionante!! Mucho deseo aprender de esos viejecillos, y mucho que enseñarles también...
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