domingo, noviembre 21, 2010

Semblanza (diez años)

Mi vida en Orquesta es la misma que pudo haber experimentado una pulga en el lomo de un perro. Así los vaivenes, las subidas y las bajadas. Soy una pulga entre tanto pelo que me cubre, pero no tanto como para no escalar alguno de ellos y mirar hacia arriba. Soy una pulga con aires de grandeza, que sueña con la alfombra persa o con la piel de tigre blanco. Pero esos sueños sólo me los pudo haber sugerido lo vivido en este maravilloso grupo. Orquesta para los puristas. Para los cuates Orchestra. Me siento y soy una nota musical que por sí sola suena apenas a murmullos pero que acompañada suena a sinfonía. Y de eso se trata vivir en la orquesta, de acompañarte de otras notas que como tú repican en el eco buscando la simbiosis musical, la cooperación milagrosa, el accidente fatuo y por último, la creación colectiva.


Son diez años de compartir con corazones jóvenes, los sueños y las revoluciones calladas, apenas sugeridas en el mundo: el anhelo, esa sensación colectiva que nadie se atreve a gritar pero que se puede leer en los ojos de quienes está despiertos y lo intentan. El anhelo: una vida siendo vida y no otra cosa, sin nubes perfectas, sólo nubes, sin mares perfectos, sólo mares, sin bosques perfectos, sólo bosques. Sin humanos perfectos, sólo tú, sólo yo, sólo él y ella. Sin una orquesta queriendo ser perfecta, sino una perfección queriendo orquestarse. Porque la perfección no es algo que se busca sino que ya se tiene y no se pierde nunca, pase lo que pase; vaya, qué más perfecto que la vida que crece y crece hasta volver a nacer. Y nosotros somos vida.

Eso lo aprendí en Orchestra.

Siempre he disfrutado el narrar mis historias y que me narren otras. Qué mejor que el teatro como herramienta para sugerir la noche y la alcoba y el niño y la mamá o el papá que le cuenta un cuento. Cuando escribo o dirijo en la escena alguna de mis historias, me emociono al imaginar a ese público atrapado por el relato y las idas y venidas de las palabras y las acciones. En ellos se reflejan el clímax y el desenlace, en sus risas y sus lágrimas o en sus bocas abiertas o en sus bostezos o en sus murmullos. El teatro me brinda eso; en el teatro me descubro día a día, y en el día a día descubro el teatro y sus alcances. Me fascinan sus promesas: noches y noches de alcoba y cuentos y público y aplausos y ensayos y ensayos y ensayos…

Los ensayos…

…con los actores, soñadores y provocativos. Talentosos, apasionados. Orchestra. Orchestra es eso. Y en Orchestra he fungido y fingido como director de teatro. Apenas y entendiendo la técnica y al arte en sí, con mis hermosas limitaciones, que son savia del crecimiento; con mis miedos, que pueden desecharse y transformarse en abono para el impulso; con mis imágenes inciertas, esas que se hacen historias; con los días contados y por contarse, esos que se convierten en experiencia; con mis compañeros, mis amigos, mis hermanos, esos con los que juntos aprendimos a hacernos uno; con la incertidumbre, esa que invariablemente se torna en certidumbre; con lo cóncavo que alberga lo convexo; con el mundo que me sirve de pretexto; con el amor que se halla y no se deja ir; con la tragedia y la comedia…

Yo en Orchestra. Sí, rodeado de magia y rodeado de actores y seres humanos maravillosos. Diez años para construir, otros diez para cimentar, y esos mismos sumados a los que siguen para disfrutarse.

Amo a Orchestra tanto como me amo a mi mismo. Amo lo que representa porque me representa. Amo lo que se ha logrado en su nombre y lo que está pronto a lograrse. Amo los domingos en Orchestra. Amo las lecturas de libreto y los ensayos. Amo contar la misma historia cien veces a mis actores antes de contársela por primera vez a nuestro público. Amo los proyectos nuevos y las juntas esporádicas de un comité que apenas y puede disfrazarse. Amo la danza y el teatro unidos. Amo la teatralidad. Amo las máscaras que se quitan una vez terminada la función y que nos hacen cuestionarnos durante dos horas sobre nuestra existencia. Amo las hojas en blanco: las amo porque les temo. Amo los ojos y la mirada que ensaya un actor cuando descubre por sí solo el camino. Amo la satisfacción que me da el saber que soy parte de algo que yo mismo ayudé a crear. Amo mi inocencia como director y escritor. Amo mi ignorancia, eterna compañera que me punza para no quedarme con las carambas dudas. Amo la posibilidad. Amo los cambios, también porque les temo. Amo amar de esta manera. Amo ser actor. Amo ser escritor. Amo ser director. Amo ser Orchestra.

Los amo a ustedes, te amo a ti corazón.

Y para concluir, imagínense una sonora trompetilla… ya que de conclusiones no sé nada.

3 comentarios:

El Gibo dijo...

Lo leí desde el momento en que lo mandaste y lo disfruté tanto... me dije: tengo que comentar. Tantas cosas que hemos aprendido de nuestra Orchestra, yo siendo un adolescente y ahora un adulto que no olvida su niñez y la sigue ocupando para contar historias, crear personajes. Tantas cosas que agradecer, que agradecerte, como hermano y como maestro. Somos artistas, creamos melodías, hacemos magia y es la misma magia la que nos sostiene, energía, calor humano, amor. Gracias.

Carolina dijo...

Hermano, lo leo y lo vuelvo a leer y es hermoso poder encontrar en cada palabra tanto amor y sinceridad. Encontrarme con un corazón que ama tanto como yo puedo amar, y como tu dices AMO AMAR ASI.

Solo he estado la mitad de este tiempo de Orchestra, pero siento que he pertenecido a ella desde siempre... Soy una melodía de aquel bosque colorido en el que todas ellas se unen para formar una gran sinfonía... la mas amorosa y apasionada, la nuestra.

Somos creadores, artistas, sueños, VIDA, y la vida crece y crece hasta volver a nacer.

Gracias.

moOnze Rys' dijo...

Gracias por hacerme recordar todo lo que hemos aprendido en Orchestra...

Seguimos compartiendo nuestros sueños, seguimos creando magia, seguimos contando historias, seguimos en nuestra chamba de amor que hace sonar nuestra gran Orquesta, seguimos en el mismo camino para estar en el bosque de las mil melodías.

Gracias!

Los amo a todos! (: